Capitulo III – La Libertad

Una de las cosas divertidas después de dejar una relación tan larga en 2019 es que, llevando mucho tiempo compartiendo vida y piso, hay muchas cosas tecnológicas que compartes, tu cuenta de música, películas, las luces de casa, la ubicación en el móvil y hasta cuantos pasos has dado y cuanto ejercicio has hecho si tienes uno de estos maravillosos relojes que te lo miden TODO. 

Teniendo en cuenta también que por muchas cosas tiendes a acomodarte en el hecho de que hay alguien que las configuras por ti, pasan los años, la tecnología en tu piso va evolucionando y tú te has quedado a como descargar una película desde internet. 

Cada tontería llega a ser divertida, no funciona el mando del proyector y te tiras media hora tirada en el suelo cabizbaja con el mando en la mano esperando que tu fuerza interior lo pueda arreglar, son siempre las famosas 4 de la mañana, la hora de los secretos sueltos por el piso y finalmente decides apagar el proyector desenchufando a lo bestia el cable de alimentación y te vas a mirar las fotos de tu “Dildo Mental” a la cama (si tu ex leyera este post sabes que le daría un ataque en este mismo segundo y una sonrisa medio sádica pasa un momento por tus labios). 

La mañana siguiente miras el proyector con miedo de haberla liado (otra vez), vuelves a enchufar el cable y se enciende: bien. Luego, iluminada por una sabiduría mística, cambias las baterías del mando y, casi por magia, vuelve a funcionar: bien, pero no fantásticamente bien. 

Música, películas y redes sociales fueros los primeros en irse. Lo que me ha costado un poquito más (solo un poquito hem hem), han sido la ubicación del móvil y la actividad del reloj. 

En el primer caso una noche en tu casa, piripi con tu amiga, pasas por fin la primera tarde sin mirar cada 5 minutos donde está tu ex. Estas allí despotricando contra todo el género masculino que casi ni recuerdas tener este poder. Luego, en un par de minutos en los que tu amiga te deja sola para ir a buscar el móvil, recuerdas que existe esta maravillosa aplicación que te permite ver donde está, la abres y descubres que… está en casa de tu DM (Dildo Mental, para quien no ha seguido desde el primer capitulo). 

Tu cara cambia en un momento y corres en el pánico para contarlo YA a tu amiga que te pega una bronca de media hora porque no puede ser que sigues mirando donde está después de tanto tiempo. Y entonces, repito, piripi, decides que ha llegado el momento de quitarle. Le quitas. Y te arrepientes a los 4 segundos. 

Luego pasan los días, las semanas, y te das cuenta que sobrevives igual, quizás casi mejor. Yo caía en el miedo de volverme aún más loca, porque normalmente mi cabeza piensa siempre lo peor: si le veo conectado a las 3 de la mañana, seguro que es porque está en el medio de una orgia y no puede absolutamente pasarle lo mismo que me pasa a mí, por ejemplo, que me hecho una siesta de 3 horas por la tarde y que a las 3 de la mañana estoy con los ojos de un búho y me tiro horas mirando tonterías en el móvil. Lo pienso a veces, pero como siempre me equivoco ahora ya estoy intentando ser un poquito menos “Drama Queen” y casi siempre funciona. 

La aplicación de la actividad en el reloj ha sido más difícil, se escondía bajo una capa de inocencia: ¿que puede pasar si sigo viendo cuando hace deporte? 

La última, la más peligrosa, es con esta que una mañana te despiertas a las 6:30, porque últimamente vives y duermes con horarios confundidos, miras el móvil y en una sola pantalla puedes ver pasos, calorías, 60 minutos de ejercicio desde la medianoche… vuelven inmediatamente los ojos de búho y, saludando el sueño, te levantas para hacerte un café con leche de coco y arroz. 

Es tomando este café que te das cuenta de que ha llegado el tan esperado momento de “dejarle ir”, de quitar de verdad todo lo que te queda de control sobre él. Ha llegado el momento de que pase a ser una persona como otra.

Y entonces te das cuenta de que todo el miedo de flipar que tenías era solo una ilusión, o mejor dicho: eras tú que no creías en tus mismas posibilidades, porque tenías miedo de que por debilidad te ibas a preocupar más, cuando ahora descubres que, por lo fuerte que eres, te sientes… ¿libre? 

Sí, creo que libre es la palabra correcta.  

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